Histórica

La estatua del Libertador Simón Bolívar sumergida

en las aguas de Los Roques, pequeña historia del Thora

Dómel Silva

Licenciado en Historia/Universidad Central de Venezuela

El Pacificador

Los anhelos de la ciudad de Caracas para erigir un monumento que honrase la figura del Libertador Simón Bolívar fueron postergados en más de una ocasión por diversos factores. En un primer intento la Municipalidad de Caracas dispuso el 1º de marzo de 1825 la erección de una estatua de bronce del Libertador en la plaza de San Jacinto. El 03 de marzo de 1869 Mateo Plaza presidente del Estado Bolívar [Caracas] había ordenado un decreto regional para “erigir en la plaza Bolívar una estatua ecuestre del Padre de la Patria.”[1] Posteriormente, la comisión que promovió esta idea, contactó al Instituto Real de Fundición de Múnich, la cual había fundido la estatua de Simón Bolívar en Lima[2], para que éste realizase una igual de bronce para Caracas.

Debieron transcurrir un poco más de cuarenta años para que el anhelo de la Municipalidad caraqueña empezara a materializarse. El 18 de noviembre de 1872 el presidente de Venezuela Antonio Guzmán Blanco ordena erigir en la plaza Bolívar de Caracas, con fondos públicos, un monumento al Libertador. La inauguración de la estatua del “Padre de la Patria” estaba estipulada para el 28 de octubre de 1874, coincidiendo con el día de San Simón.

El 10 de octubre de 1874 el vapor danés Thora, que traía las piezas de la estatua del Libertador Simón Bolívar, proveniente el día seis de dicho mes desde Saint Thomas (antigua posesión danesa en el Caribe) encalló al Nordeste de Los Roques junto con las cajas que conformaban la estatua del padre de la patria. El capitán y la tripulación de esta embarcación notificaron al cónsul danés que habían perdido “toda esperanza de salvarlo”[3], ya que, “tenía éste tres pies de agua en la bodega.”[4] El 15 de octubre de 1874 empezaron las labores de rescate; la goleta Cisne al mando del capitán Adolfo Prince salió para Los Roques. Abordo se encontraban Vicente Ibarra y el general Juan Francisco Pérez quienes llevaban 38 hombres en 4 canoas. También zarparon para el sitio el vapor Pacificador, remolcando a la goleta Faro. De igual manera Alejandro Ibarra, jefe de las artillerías del Distrito Federal acudió con un destacamento de la guarnición para evitar que otras expediciones pudiesen saquear el Thora. El 19 de octubre de ese mismo año la prensa de Venezuela anunció el remate del referido buque con su “carga, velámenes y aparejos.”[5] En esos días no sólo el rescate de la estatua del libertador acaparaba la atención de la prensa. También se reseñó la llegada a La Guaira de un faro de hierro que había de colocarse en Los Roques. Así lo reseñó el Diario de Avisos el 17 de octubre de 1874.

[6]

La ardua labor de la expedición oficial dio sus frutos. El 19 de octubre de 1874 la estatua fue rescatada de las aguas por Vicente Ibarra y el general Juan Francisco Pérez quienes a consideración de la prensa fueron los únicos que guiados por la estrella del Ilustre Americano, acometieron la empresa de salvar la estatua del Libertador.”[7] De igual manera el contramaestre de la barca italiana Eduardo, Felipe Groot y Adolfo Prince, capitán de la goleta Cisne había tenido una destacada participación. Catorce de las quince cajas fueron llevadas el mismo día 19 para la Guaira, la decimoquinta caja por ser la más voluminosa, debido a que contenía la pieza del caballo de la estatua, arribó a este puerto el día 20 de octubre en la goleta Cisne. Los restos del Thora aún se encuentran en las plácidas aguas del archipiélago, a la espera de que alguna expedición se interese en esta modesta embarcación y en lo que pudiese aportar a la historia subacuática de Los Roques.

Fuentes consultadas

Hemeroteca de la Academia Nacional de la Historia.
  • Diario de Avisos
  • La Tribuna
SCHAEL, José Guillermo. Pormenores de tres episodios históricos en Venezuela. Caracas, Auto-Agro  C.A., 1958.
http://www2.scielo.org.ve/scielo
[1] José María Salvador González.  Monumentos a Bolívar en Venezuela durante la supremacía de Guzmán Blanco (1870-1888). Ensayos Históricos, Caracas, v. 21, n. 21, jun. 2009. Disponible en http://www2.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-00492009000100004&lng=es&nrm=i. 21 abril de  2016.
[2] La estatua de Simón Bolívar en Lima fue obra del escultor italiano Adamo Tadolini. La estatua que se erige actualmente en la plaza Bolívar de Caracas es una réplica del diseño de la que está en Lima. El escultor italiano había fallecido en 1868.
[3] Academia Nacional de la Historia. Diario de Avisos, 16 de octubre de 1874.
[4] Academia Nacional de la Historia. Diario de Avisos, 16 de octubre de 1874
[5] Academia Nacional de la Historia. La Tribuna, 14 de octubre de 1874.
[6]Academia Nacional de la Historia. Diario de Avisos, 17 de octubre de 1874.
[7] Academia Nacional de la Historia. La Tribuna, 20 de octubre de 1874.

 


Curazao salvada en aguas venezolanas, el fracaso de la flota de Jean II D’Estrées

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DÓMEL SILVA LÓPEZ

Licenciado en Historia/Universidad Central de Venezuela

Caracas, 15 de marzo de 2016

Desde que Luis XIV asume el trono en Francia se planteó expandir su imperio tanto en el Viejo Mundo como en el Nuevo Mundo. La ocupación de nuevas posesiones en el Mar Caribe resultaba fundamental dentro de la política imperial de Francia, dado que, la islas representaban enclaves comerciales que a su vez sirviesen como bases para conquistar nuevos territorios y planear expediciones filibusteras contra la embarcaciones comerciales. Para lograr este cometido el Rey Sol nombró de Jean Baptiste Colbert como Intendente y Ministro, quien realizó una serie de cambios económicos y militares para aumentar el poderío naval francés con la finalidad de disminuir o neutralizar la influencia marítima de las potencias rivales.

El acucioso ministro da con la solución: grandes flotas para humillar los pabellones británicos y batir a las escuadras holandesas y españolas; bandas de corsarios para bloquear y desgastar al enemigo. Cuando el Rey Sol comienza la primera de sus grandes guerras, ésta es también la crepuscular contienda de los corsarios, que se librará en los mares del Viejo y del Nuevo Mundo.”[1]

Las hostilidades contra Holanda estuvieron enmarcadas en el contexto de la guerra Franco-Holandesa (1672-1678). En los mares del Caribe el corso francés había logrado recapturar Cayena en diciembre de 1676 y tomar la isla de Tobago en diciembre de 1677 después de un fallido primer intento en febrero de ese mismo año. En ambas conquistas se designó al almirante suizo Jean II D’Estrées.

El 7 de mayo de 1678 parte desde la isla de San Cristóbal (actualmente conocida como Saint Kitts and Nevis) una expedición corsaria francesa comandada por el ahora vicealmirante suizo Jean II D’Estrées cuyo objetivo principal era arrebatarle por segunda vez[2] a Los Países Bajos la pujante y estratégica isla de Curazao[3]. En la noche del 11 de mayo de 1678 la escuadra francesa compuesta por 32 naves y 12 armadores encalla en la barrera coralina en isla de Aves de Sotavento debido a un error de navegación. El buque insignia Le Terrible (comandado por Jean II d’Estrées) encalló accidentalmente contra un arrecife de coral, el cual disparó sus cañones como advertencia para el resto de la flota. Los comandantes y marinos de las demás embarcaciones interpretaron esto como un ataque holandés y se precipitaron a auxiliar al Le Terrible para terminar sin darse cuenta golpeando el arrecife también.

En este naufragio la flota francesa perdió 13 embarcaciones, 7 buques de guerras, tres barcos corsarios, tres de transporte y casi 500 piezas de artillería y alrededor de 500 hombres. La escuadra, dispersa, fue auxiliada por los otros barcos que no encallaron en el archipiélago. El almirante D´Estrées, con la flota sobreviviente, se retiró el 16 de mayo a la isla de Española (hoy en día es la isla que componen Haití y República Dominicana) y de aquí hacia Francia.

            En marzo de 1998 el explorador estadounidense Barry Clifford y Charles Brewer Carías encabezan, conjuntamente con la Armada venezolana, una expedición en la cual hallaron pecios y restos de la flota de D´Estrées (dos embarcaciones a 10 metros de profundidad, cañones de nueve pies de largo, anclas de quince pies de vástago frascos, botones, adornos de bronce). Hasta el día de hoy, esta ha sido la única expedición para recuperar parte los objetos perdidos de la flota del Jean II D´Estrées.

[1] Luis Brito García. Demonios del Mar. Piratas y Corsarios en Venezuela. Caracas, Comisión Presidencial V Centenario de Venezuela, Fundación Francisco Herrera Luque, Fundación Banco Mercantil, 1998, p. 489.

[2]“El filibusterismo refugiado en la Tortuga y Santo Domingo fue aprovechado por el gobernador D´Oregon en la guerra de 1672, cuando Francia se enfrentó a Inglaterra y Holanda. En 1673 salió al frente de una expedición a conquistar Curaçao. En el viaje naufragó en la costa puertorriqueña, y sus hombres fueron atacados por los españoles.” Manuel Lucena Salmoral. Piratas, Bucaneros, Filibusteros y Corsarios en América. Perros, mendigos y otros malditos de mar. Caracas, Editorial Grijalbo, 1994, p.207.

[3] Curazao fungía como un activo centro de distribución de esclavos hacia las posesiones españolas en tierra firme. De igual manera esta isla había experimentado un relativo crecimiento comercial.

[4] Academia Nacional de la Historia. Curazao. Manuscritos de la cesión de Curazao que hace España a los Países Bajos 1677, documento Nº 3.507, A Historical Chart and Decorative Map of the Ysland Of Curazao, s/f.

 

Fuentes Consultadas:

Academia Nacional de la Historia de Venezuela.

Curazao. Manuscritos de la cesión de Curazao que hace España a los Países Bajos 1677, documento Nº 3.507.

 BRITTO GARCÍA, Luis. Demonios del Mar. Piratas y Corsarios en Venezuela. Caracas, Comisión Presidencial V Centenario de Venezuela, Fundación Francisco Herrera Luque, Fundación Banco Mercantil, 1998, 590pp.

LUCENA SALMORAL, Manuel. Piratas, Bucaneros, Filibusteros y Corsarios en América. Perros, mendigos y otros malditos de mar. Caracas, editorial Grijalbo, 1994, 313pp.  

 


 

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El Castillo San Felipe o Libertador

Una Joya arquitectónica que forma parte del Patrimonio Cultural Venezolano

El Castillo San Felipe es una obra de arquitectura militar, también conocida como Castillo Libertador, localizada en la base naval Agustín Armario de Puerto Cabello, Venezuela. La realización fue propuesta por el Gobernador de la Provincia de Venezuela, Don Lope Carrillo de Andrade Sotomayor y Pimentel en 1729. Fue construido en el período comprendido entre 1732 y 1741 en honor al rey de España Felipe V de Borbón. Su objetivo principal era proteger el puerto y las mercancías de la Real Compañía Guipuzcoana, que manejó por muchos años el monopolio comercial entre Venezuela y España. Era la época de la piratería y las pugnas entre España, Holanda, Francia e Inglaterra por el dominio de los mares. Este castillo sirvió como refugio de la ciudad en el período colonial y junto al Fortín Solano formaba parte de un complejo sistema de fortificaciones similar, aunque a menor escala, al de Cartagena de Indias en Colombia.


El viejo faro del Gran Roque, contruido entre 1870 y 1880 con piedras de coral y cal en la zona más alta y montañosa del archipiélago. Autor Pedro Sán

El viejo faro del Gran Roque, contruido entre 1870 y 1880 con piedras de coral y cal en la zona más alta y montañosa del archipiélago. Autor Pedro Sán. Licencia CC

Breve y la larga historia de la construcción

del Faro en la isla Los Roques

DÓMEL J SILVA LÓPEZ/Licenciado en Historia / Caracas, 15 de febrero de 2016

La necesidad de construir un faro para la isla del “Gran Roque” se convirtió en preocupación para los diferentes gobernantes de Venezuela durante todo el siglo XIX. El riesgo de que las naves comerciales encallasen en sus formaciones rocosas afectaba notoriamente el tráfico marítimo nocturno entre Venezuela y sus socios comerciales de Europa. El gran Roque, por su cercanía con el principal puerto de país, debía poseer un faro para orientar en las noches a las embarcaciones que se acercaban a las aguas de este archipiélago.

La isla de los Roques formó parte de la jurisdicción político-territorial que se conoció como Territorio Colón. Ese territorio fue creado por mandato de Antonio Guzmán Blanco, en ejercicio de la presidencia de la República el 22 de agosto de 1871, con la finalidad de mejorar la administración de las islas. Este comprendía un conjunto de islas venezolanas, entre estas:

“Se establece un Territorio denominado “Colón” sujeto á [sic] un régimen especial y dependiente del Ejecutivo Federal, comprendiendo las siguientes islas…13. ª El grupo de los Roques, veinte y dos millas al Oeste de la Orchila.[1]

La construcción del faro de Los Roques demoró mucho más tiempo del estipulado. En marzo de 1866[2] Venezuela, celebró un contrato con el holandés Luis Cornelius Boyé, originario de Bonaire, para la construcción de un faro en el Gran Roque, ese contrato fue objeto de modificación en el año 1870, razón por la cual el entonces Ministro de Fomento de los Estados Unidos de Venezuela, Jesús Muñoz Tébar y Luis Boyé celebran nuevamente otro contrato. Un año posterior ambas partes vuelven a celebrar otro contrato para continuar la construcción del faro, siendo en esta oportunidad el Ministro de Fomento de Venezuela, Martín Sanabria.

Los trabajos para la construcción del faro avanzaron muy poco, sólo se había terminado la base del faro de mampostería, para el tiempo que había transcurrido desde la firma del primer contrato. En marzo de 1874 se celebra un nuevo contrato para la continuación de la construcción del faro en material de hierro, diseñado por el ingeniero inglés Y.F. Grover, en esta ocasión con un curazoleño llamado Luis Oduber. El contrato estipulaba que Oduber terminaría las obras del faro en septiembre de ese mismo año. Las características del faro serían las siguientes:

La altura total del faro será de cincuenta y ocho metros con cincuenta y dos centímetros sobre el nivel del mar, incluyéndose en esta altura la base de mampostería que existe construida, y que tiene dos metros cincuentena y ocho centímetros de alto.”[3]

De igual manera según lo estipulado en el primer artículo: “La luz del faro será jiratoria [sic] y tendrá la intensidad suficiente para que se divise á [sic] una distancia de veinte millas.”[4]

Para octubre de 1874 la ejecución de la obra del faro estaba concluida. Dado que, para esa fecha estaba arribando a Los Roques el ansiado faro. Tal cual lo reseña el Diario de Avisos en su edición del 17 de octubre de 1874, de la forma siguiente:

Parte esta tarde del puerto de la Guaira el vapor Pacificador, remolcador la goleta General Ferrer y llevando á [sic] su bordo el faro que acaba de llegar,  y alguna fuerza al mando del general Ibarra, encargada de custodiar el cargamento.”[5]

Finalmente el faro fue puesto en funcionamiento en 1875. Así lo hizo saber Antonio Guzmán Blanco en mensaje al Congreso de la República el 29 de abril de ese año:

Está erigido el Faro del Gran Roque, esa necesidad secular del comercio, y promesa de todos los gobiernos, desde el tiempo de la colonia, cuya realización será un recuerdo imperecedero de mi gobierno.” [6]

En 1889, el faro de Los Roques precisó de algunas reparaciones. En aquel entonces el Ejecutivo Nacional destinó la cantidad de dos mil bolívares para reparar el faro y otras edificaciones de la época; aunque las condiciones del faro seguían siendo “alarmantes”, para el año de 1894, razón por la cual nuevamente se deben realizar trabajos de mantenimiento, los cuales se hicieron reiterativas hasta poco después de 1940.

En la década de los años 50 del siglo XX el faro del Gran Roque dejó de funcionar como centinela de las aguas que circundan el Gran Roque, de igual manera la función del celador del faro desapareció junto con este. Hoy la vetusta estructura resulta prácticamente de obligatoria visita por los turistas quienes no pierden la oportunidad de fotografiarse con una parte de la historia de la isla.

Fuentes consultadas:

Archivo General de la Nación. Ministerio de Obras públicas. Faros. 1870-1899.

 Academia Nacional de la Historia./Diario de avisos, 17 de octubre de 1874.

ARELLANO MORENO, Alejandro. Mensajes Presidenciales. Caracas, Ediciones de la Presidencia de la República, tomo I 1830-1875.

[1] Academia Nacional de la Historia. Archivo de Manuel Landaeta Rosales. Guía de la Marina, Sección Estadística e Historia, Islas de Venezuela, tomo 33, folios 29-30.

[2] Desde 1862 datan los primeros contratos para la construcción del faro en Los Roques.

[3]Archivo General de la Nación. Ministerio de Obras públicas. Faros (1870-1899). “Decreto del Congreso de los E.E. U.U. de Venezuela aprobando el contrato celebrado entre el Ministerio de Fomento i Luis Oduber, sobre construcción de un faro en el Gran Roque. Caracas 19 de marzo de 1874”, f. 2.

[4]Ídem.

[5]Hemeroteca de la Academia Nacional de la Historia. Diario de Avisos, 17 de octubre de 1874.

[6] Antonio Arellano Moreno (Compilador). Mensajes Presidenciales. Caracas, Ediciones de la Presidencia de la República, p. 399, tomo I 1830-1875.

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